¿Retos o arándanos?

Una vez que decido darme la vuelta en el col de Fenetre debido a la impresión que me produce bajar por aquél precipicio, vuelvo de nuevo a Courmayeur para terminar el Tour en algo más de una jornada, en unas 30 horas aproximadamente. Inicio la etapa a las 12 del mediodía y, tras dejar atrás el primer refugio sin entrar en los servicios para coger agua, continúo adelante con la esperanza de encontrar alguna fuente. Kilómetros más arriba aparece el primer regato y, después, uno tras otro hasta que queda completamente llena la panza. Antes de comenzar a subir el último tramo del col Ferret, en la ladera derecha de la montaña, las plantas del arándano crecen por millones y ofrecen sus frutos a los caminantes que conocen tan rico alimento. Las pequeñas bayas moradas tienen un tamaño aceptable teniendo en cuanta la altitud a la que me encuentro, aunque su recolección supone una gran pérdida de tiempo... un tiempo que solo puedo reservar para dormir si quiero realizar otros 75 km en 24 horas. Pero la tentación es tan grande que no me puedo resistir. Están frescos porque siempre crecen a la sombra de las hojas, quizás para ocultarse y, así, seguir germinando en el suelo. Los arándanos dejan la boca y los dedos igual que las moras, todo pringado con un tinte morado difícil de quitar y, lo peor de todo, te roban unos minutos preciosos que se necesitan para respirar, beber u orinar.
Comer arándanos hasta reventar en el Mont Blanc es incompatible con girar rápido al rededor de esa gran montaña... porque la noche también se zampa rápido y, después, llegan los lamentos y el sueño y el no poder con el reto.
Mientras comía los últimos, una pregunta descargó sobre mí la gran cuchillada: ¿por qué no puedo sentarme y seguir comiendo estos deliciosos arándanos mientras aprovecho los últimos rayos del sol?
Foto de Suso. Lago Lemán, Ginebra.
Comentarios
Creo que yo también me habría dejado robar unos cuantos minutos.
Pude quedarme a comer arándanos toda la tarde, pero renuncié a ello porque lo que "quise" finalmente fue algo inevitable, es decir, algo que no depende de mi voluntad.
Cuando visitamos la cueva de la Ceza, tu felicidad me hizo feliz... quizás por eso últimamente busco la amistad de las personas... ¿egoísmo? ¿falta de ilusión? ¿vejez?
Remontabas el oscuro río subterráneo de casi 1 km igual que un niño que juega el día de los Reyes Magos...
Gracias por dejarme "usar" tu felicidad.Descubrí que 1+0 sí pueden sumar 2.