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Mostrando entradas de mayo, 2012

Alcañiz a la vista

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Esto es muy duro.

Cada vez quedamos menos.

El agua está para hacer infusiones.

Nos hemos bebido TODO.

Location : Calle Mayor, 2-6, 44600 Alcañiz,

Parada a comer

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El sol cae a plomo.

No sé donde estamos.

Ya veremos por dónde vamos.

Location : Calle Mayor, 2-6, 44600 Alcañiz,

Gargallo. Subiendo al bus

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Sigue el viaje.

Location : Calle Mayor, 2-6, 44600 Alcañiz,

Ultra de El Soplao. Tercera crisis.

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Manuel Fernando Beltrao Vilela, como yo, también corredor gallego, acaba de llegar al avituallamiento de Fuentes. Este detalle lo conocería posteriormente, una vez que empezamos a bajar el primer tramo que nos llevará a Bárcena Mayor, a unos 25 kilómetros. Ha comenzado a llover de nuevo. Creo que me toca a mí el último café templado que queda en el termo. La verdad es que debería ser para él, pues tuvo un comportamiento especial conmigo. Mientras bajábamos trotando a un ritmo inferior al que hubiera sido el suyo, él no sabía que, al llegar a Bárcena, nos cortarían el paso. Manuel hubiera llegado cómodamente a las 14 horas al avituallemiento. Yo, de no ir acompañado, llegaría  muy raspado antes de las 16 horas, hora máxima de llegada  en el caso de que no se hubiera producido el corte por mal tiempo. Pero ambos ignorábamos qué estaba maquinando a esas horas la organización. Lo único  que pudimos comprobar es que seguía lloviendo a cántaros y que las ambulancias no daban abasto: cansanc…

Ultra de El Soplao. Mejor de lo esperado.

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Cuando nos dejaron sueltos, nos pusimos a correr casi todos hasta que comienza la cuesta,  muy bonita y dura, por cierto. Era la primera vez que veía algo parecido: el monte lleno de farolillos alimentados, supongo, con energía solar captada durante el día o pilas.  En la bajada, mojada y resbaladiza, echo de menos los bastones y unas zapas de montaña. Para compensar la falta de equipo, me agarro con fuerza a las hierbas y los tojos. Pero pronto llega de nuevo el buen camino y los aplausos de la gente. Abel y yo permanecemos juntos tan solo dos o tres horas, hasta que le digo que se marche, pues  llevo revuelto el estómago, en parte debido al  miedo a tener que abandonar la prueba. Afortunadamente, supero la crisis y gano parte del terreno perdido.  Al llegar a Bárcena Mayor, comienza a clarear. Me duele la garganta al intentar tragar. Lleno con dulces los bolsillos y engraso un poco las nalgas.  Vuelvo a salir con Abel, pero pronto me deja atrás en la ascensión de 18 Km. a Fuentes. …

Cabezón de la Sal. Pánico escénico.

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En Potes, dos colacaos calientes y los restos del sobao que compré en Cistierna. Bajando  el desfiladero de La Hermida me quedo boquiabierto, aunque siempre voy muy atento debido  al tráfico de autobuses que circulan en ambos sentidos. Claro, es viernes. Comienza a llover. Panes, Pesués, San Vicente de la Barquera, La Revilla... Sigue lloviendo. Decido parar a cinco kilómetros de Cabezón para comer en un restaurante de la carretera. Voy calado hasta los huesos. Solo llevo la camiseta que va puesta, así que como mientras se seca en el cuerpo. La garganta da cada vez más la lata y me cuesta mucho tragar. Al llegar a Cabezón me dirijo directamente al pabellón donde puedo ducharme y pronto entablo amistad con un muchacho que participa en la prueba de bicicleta. Me presta su furgoneta para descansar, pero no logro dormir. Tengo miedo a la carrera a pie. Pánico escénico a quedar tirado nada más salir debido al sobreesfuerzo realizado sobre la bicicleta: casi 500 km en menos de dos días. Po…

De Castroverde a Cabezón en bici. Fiesta nocturna.

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Al Puerto de San Glorio le tenía respeto porque lo he pasado muchas veces en coche, en ambos sentidos. Le tenía pánico porque nunca lo había abordado en una bici de carretera con plato pequeño de 42 dientes. Además, lo afrontaba de noche, con una jornada anterior de 300 km realizados en 18 horas aproximadamente. Como ya dije ayer, en el primer encuentro con la Guardia Civil de Tráfico, en torno a la una de la madrugada, ambos pasamos de largo después de aminorar la marcha casi hasta parar. Pero esta vez fue diferente. Una vez que subo al embalse de Riaño, nos volvemos a encontrar. Yo dejo de pedalear y ellos, una pareja muy joven, bajan la ventanilla y me preguntan hacia dónde voy. Les suelto parte del rollo y les explico por qué circulo de noche. A parte de mi necesidad de charlar (y descansar) me apetece la calefacción de su vehículo, así que, ni corto ni perezoso, les pido que me hagan un hueco en el asiento trasero. Se miran y... acceden a mi petición, siendo conscientes plenamen…

De Castroverde a Cabezón en bici. Dos horas de cama.

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La habitación de Cistierna (Hostal El Cruce) tenía muy buena pinta, aunque yo sabía de antemano que poco la disfrutaría. Ducha rápida, malla corta limpia, zapatillas sin calcetines y chaleco reflectante sobre los requemados cueros, sin nada más, para no cantar en la camilla de la fisioterapeuta. Al llegar fue lo primero que hice, explicarle el porqué de mi estrafalaria y parca vestimenta. Le dio poca importancia y contestó que me diera crema protectora. Le expliqué brevemente el reto en el que andaba metido y lo del rotuliano izquierdo, aunque el derecho también comenzaba a molestar debido al protagonismo que la pierna derecha empezaba a tener. Tras realizar su trabajo (masajes y ¿ultrasonidos?) me recetó también descanso y hielo. Pasé por el super. Crema hidratante, leche, kiwis, sobaos y hielo. De siete a nueve, alimentación y preparativos. De nueve a once, descanso, tras bajar previamente todas las persianas. A las doce  me pongo de nuevo en marcha, sentido Riaño, con el firmament…

De Castroverde a Cabezón. Otra vez el rotuliano.

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Seguía corriendo el día 17 y no fue difícil llegar al centro de León pese al calor y el viento lateral racheado. Más de 200 kilómetros me separaban ya de Castroverde. La garganta iba de mal en peor. Casi no podía tragar y mi voz se hacía cada vez más grave y ronca. Ella fue quizá la razón del malentendido que me lanzó 11 kilómetros al sur, luchando contra viento de cara. Pregunté por Mansilla y entendieron   Onzonilla, un pueblo por el que ya había pasado en enero, al cruzar la península caminando y corriendo. Me di media vuelta para volver de nuevo al centro de León sabiendo que ahora me ayudaría el viento, aunque tal circunstancia no fue suficiente para calmar el cabreo. De León al desvío de Mansilla de las Mulas me volvió a azotar el viento lateral. Sin embargo, iba contento. Sabía que al encararme con la Cordillera Cantábrica toda aquella fuerza me propulsaría hasta Cistierna, donde había reservado habitación. Llegué a las 5 de la tarde con 300 kilómetros en las piernas y dolor e…

De Castroverde a Cabezón en bici. Primeras pedaladas.

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Cada vez me cuesta más escribir sobre lo ya acontecido... quizá porque lo pasado ya no me dice absolutamente nada y todo intento objetivo de reproducirlo es iluso y vano. Salí en bicicleta desde mi casa de Castroverde el día 16 de mayo a las 22.30, media hora antes de lo previsto, debido a la inquietud y el miedo.  Los dos primeros kilómetros los realicé caminando para evitar un pinchazo en la pista de tierra que me llevaría al Alto de la Baqueriza, el primero de los tres puertos que me comí aquel día. Ya en la carretera asfaltada, la bajada fue un placer. Después llegó un tramo llano donde experimenté por primera vez una bonita sensación: la bici andaba sola, como si fuera una moto, pero sin hacer ruido. Yo iba montado en ella y notaba que pedaleaba, pero no me costaba absolutamente nada. Pensé entonces que todo ello podía ser debido a las características del terreno o a la pasta que me había comido. Antes de llegar a Becerreá paré un buen rato en la casa de María Jesús. Esa tarde h…

No he disfrutado

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Y no ha sido culpa de las incidencias de la carrera, ni de la lluvia a cántaros, ni del barro, ni del frío... Ha sido más bien que no me he sentido libre como el viento igual que en la primera parte de la aventura. Durante la carrera, algo ha fallado. Quizá que todo estaba encarrilado y que yo nada venía a hacer en ella que no pudiera hacer en otro momento, sin avituallamientos ni jueces.

Soplamocos

Eso es lo que hemos recibido en el ultra de El Soplao. Si quiero terminar una prueba tendré que buscar otra, pues en ésta no me han dado esa opción, a menos que volara como Criado Toca y unos cuantos más. Se ha suspendido. Pronto daré más detalles.

Todo a punto

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Hoy, a las 23 horas, subo a la bici con destino Cabezón de Sal, a unos 400 km del municipio lucense de Castroverde, donde vivo. El día 18, antes de las 22 horas, debo recoger el dorsal número 38 que me da derecho a participar en el ultramaratón de El Soplao, prueba de 122 km, más de 5.000 positivos y 25 horas de límite. Mañana, antes de que anochezca, debería estar en Cistierna, a unos 280 km de aquí. Iré informando vía teléfono móvil.
PD: El domingo me mordió un perro, así que voy dopado con alguna vacuna. Además, llevo tosiendo desde hace un rato. Habrá que tocar madera... por si acaso.

Problema eterno

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Este es mi eterno problema en las aventuras a pie de larga distancia. Una vez tras otra, unas veces más o menos que otras... pero siempre. Con cualquier tipo de calzado, con plantillas o sin ellas, con cualquier tipo de calcetín, aunque reconozco que los Injinji de cinco dedos se han comportado muy bien. Este problema y las rozaduras en las nalgas me han traído por el valle de la amargura en más de una ocasión. Casi nunca me ha frenado el cansancio o el dolor en las piernas, pero las ampollas o las llagas me han obligado en más de una ocasión a comportarme como un lento caracol. Es algo a lo que está condenado el civilizado occidental desde el momento en que decidió usar calzado, protección que provoca la enfermedad, en vez de prevenirla, como lo hace una vacuna.

La máquina para ir al Soplao

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Este es el regalo que me ha realizado Ovidio, un amiguete de Castroverde de 66 tacos que me saca los colores por las cuestas arriba. Le he tenido que  cambiar las llantas, ya que solo servían para cubiertas tubulares; los piñones traseros, eran marchas demasiado largas para estas cuestas; y alguna cosilla más. El plato grande  es de 52 dientes, el pequeño no sé los que tiene, pero creo que más que el grande de una de montaña. En fin, un buen hierro para entrenar en alguna cuesta de casi el 20% que  tenemos por aquí, muy cerca de casa.