miércoles, 1 de abril de 2015

Anfibia invernal Porma-Riaño. Placas de hielo (5)


Por la tarde comenzó a enfriar y ello, unido al viento, provocó una sensación térmica desagradable. Cada vez que realizaba una serie de fotos y dejaba de palear, la embarcación quedaba en punto muerto, al libre albedrío, a merced del aire y las ocultas corrientes del bellísimo cañón.
La impresionante mole de Peñas Pintas estaba pidiéndome que la escalara por su cara este, saltando del agua a las nieves y ascendiendo primero por el cono 













martes, 24 de febrero de 2015

Anfibia invernal Porma-Riaño. Salir pitando (4)



Comenzó a amanecer antes de llegar al collado de Viego. Saliendo del pueblo, aún de noche, habíamos decidido que sería mejor transportar el kayak en un todoterreno aprovechando que Armando tenía que arreglar unos asuntos en Boñar. Era muy importante no perder tiempo en el tramo Viego-Valbuena del Roblo, ya que la gran nevada estaba cada vez más cerca, y se corría el riesgo de que mi coche quedara atrapado un par de semanas o más en el Puerto de Tarna, sepultado bajo 2 0 3 metros de nieve. 


Antes de llegar a Valbuena del Roblo recibí una llamada de la Guardia Civil. La habían avisado desde la fonda del Puerto de Tarna al ver que mi coche seguía en el mismo lugar desde el lunes por la noche, cuando, dicho sea de paso, se negaron a abrirme para darme un plato o una cama calientes, o, simplemente, para preguntarme si necesitaba algo más importante aun.
Sobre estas líneas, rastro de un jabalí. 


Selfie con Raúl pasado el Collado de Viego.


En Valbuena comenzó a complicarse el tiempo y, en Las Salas, se puso a llover muy fino. Pero, afortunadamente, habría una tregua justamente hasta que llegara a Burón, ya de noche, tras palear en el pantano de Riaño en torno a 4 o 5 horas, de forma demasiado lenta debido a las fotos realizadas en el trayecto.


A este perro lo había trincado el lobo o el hambre, o las dos cosas al mismo tiempo. Igual les había ocurrido a los corzos que nos habíamos encontrado en el camino, acosados hasta la muerte por las pandillas bien organizadas de astutos zorros. Solo le habían dejado la nariz y el morro, quizás solidariamente, para permitir que su alma se  orientara y se alimentara en el camino que lleva al paraíso canino.



En torno a las 2 de la tarde comencé a preparar el tercer embarco. Esperaba llegar de día a Burón y no encontrar placas de hielo que me impidieran saltar a tierra.



Hasta pronto, amigos.


miércoles, 18 de febrero de 2015

Anfibia invernal Porma-Riaño. La cosa se complica (3)


 Al salir del Pantano de Porma, lo único que me preocupaba era el estado de la nieve en los collados de Viego y Las Camperas,  de 1.457 y 1.401 metros respectivamente, altitudes inofensivas en otras épocas del año, pero "extremas" tras las fuertes nevadas caídas hacía tan solo unos días.


Tenía 2 opciones: Viego-Valbuena del Roblo o Primajas-Corniero, esta última
ruta más larga, pero con un paso de menor altitud y una pista con un trazado más cómodo. 
En  Pallide tomé un plato de embutido, una cerveza y un café bien cargado para afrontar la noche. Sabía que no nevaría pero, a cambio, las temperaturas caerían a cerca de los -10. Al salir de la fonda, tenía ya claro que tomaría la ruta más larga, la de Primajas, por aquello de que sería más "fácil" arrastrar el carro sobre la nieve en un terreno con pendiente menor.


Entre Pallide y Reyero ocurrió algo inesperado. Un pequeño resbalón sobre el hielo provocó que los brazos del carro se soltaran del cinturón de la mochila, golpeando las patas fuertemente sobre el asfalto, lo cual hizo quebrar longitudinalmente la plataforma de madera. 


El carro empleado en la Transgalaica, sobre el texto, era muy simple pero muy seguro al mismo tiempo, ya que su pequeña plataforma de madera estaba construida con tablero contrachapado finlandés, de gran resistencia ante los impactos. Pero el problema está en que las palas se habían deformado en la zona de ensamble, siendo muy difícil separar los tubos cada vez que los necesitaba para navegar. Al cambiar las palas por las de carbono, fue necesario construir otra plataforma y opté por una solución rápida: tabla de pino encolada longitudinalmente, de escasa resistencia ante el impacto, a juzgar por lo ocurrido sobre el asfalto. 


Bueno, el caso es que en Reyero, con la plataforma ya rota,  me encontré con el padre de Armando, mi contacto este último en Viego para conocer el estado de la nieve en la zona. El curtido ganadero me aconsejó saltar hacia Riaño por  Viego  en vez de hacerlo por Primajas ya que, desde el pueblo, había tan solo  2 Km hasta el collado.   


Y fue así como me encaminé hacia el pueblo de Armando, dejando a mi derecha la estrecha carretera que lleva a Primajas. Raúl, su hermano, es carpintero, así que no tendría que chapucear yo con las tablas, las puntas y el serrucho.



¡Menudo lujo!


¡Taladro y tornillos!