¿Crisis?


Advierto que en este modesto artículo no existe ni la más mínima intencionalidad política, más bien al contrario; únicamente aspira a desenmascarar un concepto, quitándole justamente éso, la pesada carga manipuladora que unos y otros le han puesto en las alforjas.

Todo el mundo sabe que hubo otras etapas históricas con más "paro real" y que su porcentaje depende de muchas variables: economía sumergida, población activa, método estadístico... pero ésta no es la cuestión a tratar, ya que no soy economista, no aspiro a serlo y tampoco deseo que en este momento me tachen de colaboracionista con un gobierno que se empieza a pasar de moda; nunca mejor dicho, porque nadie puede negar que consumimos partidos, presidentes y gabinetes movidos por extraños instintos, movidos por los mismos impulsos que nos lazan a comprar unas zapatillas o un televisor de plasma.

Además, la cosa es muy elástica; ya que, en este momento, hay que sumarle a los parados un pelotón de agricultores, ganaderos, pescadores, comerciantes... que todos los meses ponen dinero de sus ya escasos ahorros para mantener a flote sus negocios ruinosos. "A dónde vamos a ir", comentan la gran mayoría de ellos.

Cuando llegué a Barcelona en los años 60, me llamó mucho la atención -y me escandalizó- ver todas las noches, antes de que pasara el camión de la basura, bolsas y bolsas llenas de pan sin ni siquiera pellizcar. Pero era demasiado pequeño para comprender aquella situación.

A la gente le empezaba a "sobrar" un poco de dinero y, por eso, quizás, le daba igual no calcular bien las barras que debían comprar todas las mañanas.

La crisis de ansiedad y el síndrome de abstinencia que hoy padecemos tiene sus orígenes en aquellos florecientes años, cuando se comenzaron a formar grandes listas de espera, no en la sanidad, sino en la SEAT. Poco a poco fue aumentando el presupuesto dedicado a los nuevos bienes de consumo y, si no llegaba, para ello estaban los bancos. Después vino el apartamento o la casita en el monte o en la playa, las salidas al extranjero, el televisor en color, los coches con más caballos de los que necesitábamos, el ordenador, el portentoso y derrochador todoterreno...

Mis padres, y los de mucha gente, vivieron de niños casi en la miseria. Tres generaciones bajo el mismo techo y una de ellas compuesta por un montón de hermanos; muchos pasando hambre y sin una perra gorda en el bolsillo. Aquello, más que una crisis, era una catástrofe humanitaria y, sin embargo, me cuentan que eran felices.

Hoy, en cambio, hasta los mejor aposentados dicen que notan la crisis, quizás porque tienen miedo al síndrome de abstinencia, a la gran crisis de ansiedad social que todos padecemos -unos más que otros- después de haber consumido una dosis -grande o pequeña- y quedar de repente sin ella.

Resumiendo. Los países y sociedades afectadas de forma crónica por la miseria nunca tienen crisis. La crisis o síndrome de abstinencia es un estado físico-emocional padecido de vez en cuando en aquellas países en los que se compra sin tener dinero y se producen bienes en función de un consumo teóricamente ascendente y mantenido en el tiempo que, de repente, se desploma.
Hasta hace poco casi todo el mundo se reía cuando alguien decía que vendrían otra vez épocas de vacas flacas y de hambre.
La foto es de http://www.seat600.info/.





Comentarios

salvatore marantxano ha dicho que…
Pienso que muchos tendrian que viajar al "tercer o segundo mundo" para aprender lo desgraciados que somos.Lo tenemos todo y aún así somos infelices porque no tenemos la tv de lcd, mejor coche... Compartir "hogar" donde las únicas posesiones que tienen son las paredes, el techo un hallar y poco más y ver como aun asi comparten la comida que tienen con alegría y la felicidad interior en la "pobreza absoluta" es un baño de conocimiento de la vida que todos deberían experimentar y conocer.
Suso ha dicho que…
-2ºC es una temperatura sofocante cuando entras en una cueva de nieve y afuera se están cayendo -22.

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