Encerrado a oscuras (y II)


Una vez que desistí de hacer pis al mismo tiempo que mantenía el equilibrio en el interior de aquella loca caja de feria, decidí salir. Pero ocurrió lo que me temía: la puerta no abría. De repente me sentí como una fiera del monte tras caer en la trampa. "Y, ahora, ¿qué hago?" me dije tras insistir varias veces en la manilla de la puerta. "¿Gritar? ¿Y qué digo? ¿Socorro? ¿Auxilio? ¡Qué vergüenza!" Pensé entonces que lo más adecuado sería golpear en la puerta, pero gradualmente, para que no se asustara demasiado la gente. Y así lo hice. Empecé con varios "toc" realizados con los nudillos, pero no se enteró nadie. Después golpeé fuerte con el puño hasta que alguien se apiadó de mi. Tras comunicarle al conductor lo ocurrido, volví de nuevo a la cabina; pero tuve mucho cuidado de hacer el pis al mismo tiempo que guardaba el equilibrio y aguantaba de la puerta.

El croquis es de esta página.

Comentarios

Dona ha dicho que…
jaja!! Suso! cosas sencillas a veces se transforman en grandes retos!!

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