Transpirenaica en autosuficiencia absoluta. Capítulo 3: Qué cosas no llevaré para poder llevar toda la comida de la travesía.

Saco de dormir (tampoco lo he llevado al Aconcagua)
Botas de montaña (mejor unas zapatillas de ¿Gore? para el monte)
Calzado de descanso (demasiado lujo)
Ropa de repuesto (menos calcetines)
Chaqueta de Gore Tex o similar (me llega con una capelina)
Hornillo (hace mucho tiempo que ya no lo uso)
Butano (ha subido mucho)
Cazuela (no me gusta fregar)
Vaso (bebo por la botella)
Plato (no llevo qué comer en él)
Tenedor (no llevo qué pinchar con él)
Cuchara (no tengo tiempo ni butano para hacer sopas)
Comida liofilizada (no llevo hornillo)
Mechero (ya no fumo y está prohibido hacer fuego en el monte)
Estropajo (lo necesitaré a la vuelta, para la roña de mi piel)
Jabón para los cacharros (no llevo ningún cacharro)
Jabón para el cuerpo (¡guarro!)
Crema de dientes (ciertas hierbas del campo son mucho mejores)
80 % del botiquín (tocar madera)
Toalla grande (llega con una Vileda de cocina)
GPS y pilas (todo pesa casi 1 kilo)
60 % de las piquetas de la tienda (se apaña con dos)
Guantes (no los llevaba cuando llegué casi desnudo al Kilimanjaro)
Braga para el cuello (me axfisia)
Gorro para la cabeza (suficiente con la Vileda, con cuatro nudos, como los montañeros de antes)
Café y té (no llevo butano ni cazuela)
Bastones (nunca los he usado)
Gafas de sol (bastante tengo con no perder las mías)
Dinero o tarjetas para:
Refugios (no duermo con los ronquidos de los demás, sólo con los míos)
Restaurantes (tampoco hay tantos en el recorrido)
Tiendas de comestibles (el demonio tentándome en el camino)
Hoteles (apártate de mí, Satanás)
Cervezas (hay mucha crisis)

Para la ascensión casi desnudo al Kilimanjaro, tuve que hacer dieta y subir hasta los 75 kilos. Si no hubiera sido así, hipotermia segura cuando salí de Kibo Hut, de noche, a -12 ºC.
¡Quién me diera aquella capa de grasa para poder afrontar con garantías la Transpirenaica!
La imágenes son muy malas porque se trata de unas fotos escaneadas que viajaron a África y, tras estar perdidas allí un año, volvieron de regreso a España. Como siempre intento cumplir mi palabra, se las envié al chico que me acompaña, pero el servicio de correos debe estar bastante mal en Tanzania. La camiseta blanca era para que apareciera publicidad en la foto, no para protegerme. El caso es que no sirvió para ninguna de las dos cosas.

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