Un día negro

Paso casi todo el día paseando y comprando algo más de comida en un supermercado, pero no me atrevo a salir del aeropuerto y acercarme a Ginebra por temor a perder el autobús. La pierna molesta cada vez más, quizás debido a las seis horas de contorsionismo realizadas la noche anterior... o la tensión... o al miedo... o a todo ello junto; lo más probable.
Durante el trayecto Ginebra-Chamonix, llueve casi tanto como en Santiago de Compostela o en Padrón ("unhos pican e outros non"). Intento dormir un poco, pero no lo consigo pensando que la pierna no me dejará iniciar el reto.
Al llegar a Chamonix salgo disparado del autobús y me meto en la estación de tren para protegerme de la tormenta. En el centro de la villa suena la megafonía del UTMB y los gritos del personal. Aunque llueve, la fiesta es impresionante y todo el mundo parece restarle importancia al fenómeno meteorológico. Los corredores esperan impacientes a que se den las 23.30, la nueva hora de salida, según me había comentado ya Elías desde España.
Yo decido partir a las 24.00, media hora más tarde de que tomen la salida los corredores que participan en la competición oficial. Tengo, pues, un par de horas para descansar en el saco sobre un banco en el exterior de la estación, protegido bajo el voladizo. Me acurruco. Cada vez llueve más.
Una vez iniciada la marcha, regreso otra vez a la estación. La pierna no responde como debería. Al llegar de nuevo a mi refugio, un montañero que dormía en el suelo, me ha limpiado el banco. Como tengo mucho sueño, me acomodo en la baldosa del suelo como puedo, sin esterilla, con la mochila vacía colocada en los riñones y la cartera en los huevos. "Mañana ya estudiarás con calma lo que haces", me dije para tranquilizarme.
Foto de Suso. Col de Voza, en el Tour del Mont Blanc.
Comentarios
Todo aquel que la lleve vacía perderá más tiempo para comprarla en las tiendas que encuentre abiertas.
Publicaré una entrada.
Trae unos cuant@s de Castellón.