Mi benefactora


Al llegar a La Calzada de Béjar, hacía mucho frío y tenía ganas de un desayuno caliente. Había realizado un vivac en una parada de bus con bastante nieve y las primeras horas de la mañana se me hicieron duras. Pero en el pueblo solo había un bar que no abría hasta las 12, cosa lógica por otra parte, ya que no era tiempo de turistas o peregrinos.
Una señora que andaba trajinando en su puerta, se apiadó de mí cuando le pregunté... y, al final, después de un completo desayuno casero, estuvimos charlando un buen rato en el salón, que tenía calefacción.
¡Sofá y calefacción!
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Durante este viaje he conocido bastante gente... poca usurera y mucha espléndida. En las siguientes entradas seguiré comentando.
Un abrazo para Amelia y Matasanos.