Ultra de El Soplao. Tercera crisis.


Manuel Fernando Beltrao Vilela, como yo, también corredor gallego, acaba de llegar al avituallamiento de Fuentes. Este detalle lo conocería posteriormente, una vez que empezamos a bajar el primer tramo que nos llevará a Bárcena Mayor, a unos 25 kilómetros.
Ha comenzado a llover de nuevo. Creo que me toca a mí el último café templado que queda en el termo. La verdad es que debería ser para él, pues tuvo un comportamiento especial conmigo. Mientras bajábamos trotando a un ritmo inferior al que hubiera sido el suyo, él no sabía que, al llegar a Bárcena, nos cortarían el paso.
Manuel hubiera llegado cómodamente a las 14 horas al avituallemiento. Yo, de no ir acompañado, llegaría  muy raspado antes de las 16 horas, hora máxima de llegada  en el caso de que no se hubiera producido el corte por mal tiempo.
Pero ambos ignorábamos qué estaba maquinando a esas horas la organización. Lo único  que pudimos comprobar es que seguía lloviendo a cántaros y que las ambulancias no daban abasto: cansancio, lesiones... un desastre.
A las 14.30 aproximadamente, le digo a Manuel que tire para adelante. Faltan como mucho dos kilómetros hasta Bárcena y yo inicio la tercera crisis de la carrera. Me entierro en el lodo hasta la rodilla y tengo la sensación de que no seré capaz de salir en toda mi vida de aquel barrizal mezclado con excremento de vaca.
Al entrar en el pueblo me cambia la cara. Manuel ha llegado a las 15 horas, unos 20 minutos antes que yo. Si me seco, como y bebo un poco, estaré en condiciones  sicológicas de continuar hacia adelante. Otra cosa es que llegue a meta.
Manuel me comunica  que se ha cortado la carrera en el avituallamiento. Él está totalmente entero, con los huevos de un toro bravo. Yo estoy medio capado. En casi tres días solamente he dormido un par de horas en Cistierna.
Al bajar hacia Cabezón en la furgoneta de la organización, aún me espera una buena. Normalmente me mareo en todos los medios de transporte. Dos kilómetros antes de entrar en la villa, comienzo a vomitar y, después, me destemplo y comienzo a tiritar. 
En la carpa de  Cruz Roja me echan un vistazo. Tensión y azúcar bien. 
He perdido la gafas. Las recupera Abel.
En el enlace con el que se inicia este texto, podéis encontrar un trabajo muy completo sobre la carrera. La foto es también de Manuel.
500 Km. en bici y 90 a pie, todo ello en menos de tres días.
Gracias, Manuel. Gracias, Abel.

Comentarios

faljau ha dicho que…
Si es que no te puedes quejar... siempre te sale algún ángel custodio. Esa es la grandeza de las carrreras. Hay mucho crack suelto por ahí.
Saludos.
Suso ha dicho que…
Manuel ha escarallado su carrera y eso que estaba como una moto.
"Hoy por mí, mañana por ti", me ha contestado varias veces.
Un tipo grande de corazón. Yo hubiera hecho lo mismo. Hubiera tirado de él cuanto pudiera.

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