Reto 5. Empacho de agua (6)



Entre el primer y el segundo vivac solo encontré agua de confianza en dos puntos. Debo recordar que, al no llevar cantimplora, era de vital importancia beber varias veces al día, pero sin pegarme "atracones" que provocaran molestias estomacales, que sí tuve en la primera jornada, debido al miedo que me producía  no hidratarme adecuadamente.
Durante la primera jornada de la aventura, el día 30 de noviembre, abusé demasiado del agua y bebí en muchas ocasiones sin tener necesidad de ello. Y lo hice hasta bien entrada la noche, temiendo que fuera a padecer los efectos de la sed mientras descansaba en el interior de la manta impermeable.
La última vez que bebí fue en las sobrantes de un depósito al que ya le había echado el ojo en el viaje de reconocimiento de la ruta que hice con el coche. Era ya de noche y me encontraba a unos 15 km de Friol, un municipio cuyo nombre no auguraba mucha templanza en las peores horas de la madrugada.
La verdad es que notaba alguna molestia en el estómago y por ello decidí no beber en otras dos fuentes que sabía se hallaban en el camino; una a 7 Km de la capitalidad del mencionado municipio, en una zona recreativa, y, la otra, en la plaza del pueblo.
La causa del problema era el agua fría y... los cacahuetes, un alimento, este último, que masticaba con paciencia a sabiendas de que es bastante indigesto.
Y con ese malestar me metí en la manta impermeable una vez que la convertí en un saco rectangular tras cerrar la cremallera en forma de "L". 
La noche era muy fría y me encontraba en un pinar para mitigar los efectos de la helada. Estaba a solo unos 4 metros de la cuneta y en un lugar visible, ya que no traía conmigo  localizador SPOT ni teléfono.
Finalmente, el malestar desembocó en mareo, contribuyendo a ello el cambio brusco de temperatura que se produjo una vez en el interior de una prenda impermeable y no transpirable. 
No llegué a vomitar ni a perder el sentido, pero noté mucho calor y tuve que abrir toda la cremallera para refrescar, cosa que me produjo cierto alivio.
Sentí miedo allí solo una vez que el mareo y el sofoco dieron paso a calambres en las extremidades... 
Y, al mejorar, noté de nuevo el frío, y subí la cremallera de la manta.
Y me quedé dormido en el pinar esperando a que los currantes más madrugadores me despertaran al pasar por la carretera.  

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