Reto 5. Niebla (4)

Nacimiento del río Eume

Me tenía que levantar. 
"Incorpórate de una vez; Suso", me decía una y otra vez al tiempo que me acurrucaba para escaparle a las zonas húmedas, principalmente en la parte de los pies, donde más agua había entrado por la cremellera y su costura.
Llevaba en el saco desde las 21 horas aproximadamente y debían ser las 7 cuando me decidí a levantarme. Al no llevar reloj, hacía los cálculos teniéndo en cuenta el lugar en el que me encontraba y el momento en el que comenzaba a hacerse de noche o de día, más o menos las 7 de la mañana y las 19 de la tarde.
Al salir del saco-capelina me calcé con lo que había sido mi almohada durante la noche y me produjo cierto placer comprobar que las zapatillas estaban secas. Por supuesto que no llevaba calcetines, como ya lo había hecho en Reto 10.
Las bolsas de frutos secos y los paquetes de galletas estaban mojados, ya que durmieron a la intemperie, pues no tenía ni mochila, ni bolsa de plástico ni nada que no figurara en el listado de Reto 5. Las sequé un poco con la funda del saco y las introduje en los bolsillos que les correspondía, los frutos secos en los delanteros y las galletas en los traseros. La manta "impermeable", una vez abierta, la puse sobre los hombros.
Encontré los primeros cazadores antes de que amaneciera y aproveché para preguntarles la hora. Las 7 y 40 minutos. Iba bien de tiempo por el momento... aunque, más tarde, perdería casi media mañana buscando el camino por culpa de la espesa niebla.
El río Eume nace a unos 500 metros de la cima de O Xistral, nombre que también lleva la sierra a la que pertenece esta venteada montaña.
La Serra do Xistral solo tiene en torno a 1.000 metros de altitud y está plagada de enormes torres eólicas. Sus laderas tienen el triste récord de ser las de menor insolación de toda España y yo pensé también, a juzgar por el panorama, que también debían estar a la cabeza de la más "xistreadas" por el viento y la lluvia.
Al hacerse el día cometí el primer error y me perdí en la niebla. Había tomado un desvío que me llevaba demasiado a la izquierda. En vez de volver atrás, giré a la derecha y mantuve todo lo que pude el rumbo, cruzando tojales y pastizales, hasta que encontré de nuevo lo que debía ser la pista de servicio de las torres eólicas, cada grupo de ellas con un nuevo desvío... un lío sin mapas ni GPS, tan solo con una visita previa un día totalmente despejado.


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