Anfibia invernal Porma-Riaño. El Porma (1)




La circular anfibia invernal Porma-Riaño es una propuesta de unos 100 Km en la que se transporta el kayak hinchable sobre un carro monorueda para poder afrontar los tramos no acuáticos y  viceversa. La foto corresponde al primer intento del reto, concretamente a la mañana del día 20 de enero.


Ese mismo día regresé a casa, aunque también hice algunas fotos con el teléfono móvil, un chisme maravilloso que, en mi caso, ha desplazado definitivamente a la cámara de fotos. Sobre el texto, otra imagen recortada de los picos que flotan sobre el pantaño de Riaño, Pintas, Llerenes, Yordas...


Había estado conduciendo de madrugada enfrentándome en Boñar a una temperatura de hasta -10 y a una capa de hielo que me obligó a poner las cadenas a las 7 de la mañana, aún noche cerrada en la carretera que bordea el embalse del Porma y que lleva a Puebla de Lillo. 


 Estaba destrozado. La tensión que había sufrido durante la noche mientras intentaba no salirme de la carretera me había pasado factura. Tenía sueño, mi cuerpo estaba destemplado, era ya demasiado tarde para iniciar la aventura, no tenía ganas de inflar el kayak... estaba desmotivado, sin el suficiente ánimo para iniciar un proyecto nuevo para mí.


Así las cosas, me presento de nuevo en la zona una semana más tarde, exactamente el día 26 de enero. Subo en el coche hasta el Puerto de Tarna y descanso en su interior hasta las 2 de la madrugada. Había puesto el despertador para las 12. Sin embargo, presté poca atención y lo desconecté antes de introducirme en el voluminoso saco de plumas que no llevaría conmigo durante la aventura.


El Puerto de las Señales lo pasé cómodamente, aunque no me libré, eso sí, de un buen par de culetazos sobre el hielo.


En Cofiñal, cerca ya de Puebla de Lillo, eché una cabezadita a eso de las 5 de la madrugada en el aparcamiento del cámping El Urogayo.


Y comí también unas galletas dentro del saco mientras los niños esperaban ya a que los recogiera el autobús del transporte escolar, lo único que se mueve a esas horas de la mañana sobre las heladas carreteras del norte de León.


Puebla de Lillo


Para llegar a la cabecera del Pantano de Porma atravesé el pueblo abandonado de Camposolillo y la zona de pastos nevada.


Estaba nervioso y tenso, como suele ocurrirme cuando embarco por primera vez en una de mis aventuras anfibias. Llamé a Teresa en torno a las 10 y me dispuse a inflar el kayak.


Al fondo, a la derecha, me esperaba el pequeño Cervino sobre el agua.


Estaba todo listo... y el viento norte a mi favor, dándome de espalda.


Y, finalmente, me puse a palear sobre las gélidas aguas del Porma, una bendición si se compara con la ardua tarea de arrastrar el carro sobre la nieve o el hielo.


Paleando plácidamente entre las montañas nevadas de mi pequeña y cercana Groenlandia.


Acercándome cada vez más a las bellas simetrías.


Hasta que se interpone en el medio una afilada lanza de nieve y de hielo.


Más blanca que mi inmaculado kayak.


Dispuesto a cruzar a pie la península de la Barrera del Campillo por su zona más estrecha, en Valdefuente.


Obligatoriamente con raquetas.


Y mucha paciencia.


Porque la nieve está a esa hora pegadiza y pastosa.


Y, de nuevo, otro puerto y otro embarco después de salvar el estrecho y elevado paso de la península.

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