Anfibia invernal Porma-Riaño. La cosa se complica (3)


 Al salir del Pantano de Porma, lo único que me preocupaba era el estado de la nieve en los collados de Viego y Las Camperas,  de 1.457 y 1.401 metros respectivamente, altitudes inofensivas en otras épocas del año, pero "extremas" tras las fuertes nevadas caídas hacía tan solo unos días.


Tenía 2 opciones: Viego-Valbuena del Roblo o Primajas-Corniero, esta última
ruta más larga, pero con un paso de menor altitud y una pista con un trazado más cómodo. 
En  Pallide tomé un plato de embutido, una cerveza y un café bien cargado para afrontar la noche. Sabía que no nevaría pero, a cambio, las temperaturas caerían a cerca de los -10. Al salir de la fonda, tenía ya claro que tomaría la ruta más larga, la de Primajas, por aquello de que sería más "fácil" arrastrar el carro sobre la nieve en un terreno con pendiente menor.


Entre Pallide y Reyero ocurrió algo inesperado. Un pequeño resbalón sobre el hielo provocó que los brazos del carro se soltaran del cinturón de la mochila, golpeando las patas fuertemente sobre el asfalto, lo cual hizo quebrar longitudinalmente la plataforma de madera. 


El carro empleado en la Transgalaica, sobre el texto, era muy simple pero muy seguro al mismo tiempo, ya que su pequeña plataforma de madera estaba construida con tablero contrachapado finlandés, de gran resistencia ante los impactos. Pero el problema está en que las palas se habían deformado en la zona de ensamble, siendo muy difícil separar los tubos cada vez que los necesitaba para navegar. Al cambiar las palas por las de carbono, fue necesario construir otra plataforma y opté por una solución rápida: tabla de pino encolada longitudinalmente, de escasa resistencia ante el impacto, a juzgar por lo ocurrido sobre el asfalto. 


Bueno, el caso es que en Reyero, con la plataforma ya rota,  me encontré con el padre de Armando, mi contacto este último en Viego para conocer el estado de la nieve en la zona. El curtido ganadero me aconsejó saltar hacia Riaño por  Viego  en vez de hacerlo por Primajas ya que, desde el pueblo, había tan solo  2 Km hasta el collado.   


Y fue así como me encaminé hacia el pueblo de Armando, dejando a mi derecha la estrecha carretera que lleva a Primajas. Raúl, su hermano, es carpintero, así que no tendría que chapucear yo con las tablas, las puntas y el serrucho.



¡Menudo lujo!


¡Taladro y tornillos!



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